“Tal vez porque Juan Rulfo, al contrario de lo que ocurre con los clásicos grandes, es un escritor que se lee mucho pero del cual se habla muy poco”, Breves nostalgias sobre Juan Rulfo, Gabriel García Márquez.
Es cierto lo que dice Gabriel García Márquez de Juan Rulfo. Es cierto que es uno de los clásicos grandes del cual se habla muy poco. De Juan Rulfo no sólo se habla poco, se habla nada. En relación a esto, al silencio alrededor de Juan Rulfo y su obra pienso en que es como casi todas las cosas que verdaderamente importan algo. Hablar de aquellas cosas, de las que realmente importan, es un poco como gastarlas, empañarlas. Las cosas que realmente importan, la mayoría quedan ahí en el limbo de lo indecible, intocadas por las palabras como objetos sagrados.

Una de las primeras líneas que nos bajaron en Letras era a resistirnos y luchar contra toda mistificación literaria. La mistificación, esa fue probablemente una de las primeras palabras que aprendí en la Teoría Literaria de Panesi, era el summum del herejismo literario. Hacer cualquier tipo de mistificación sobre cualquier libro u autor era razón suficiente para ser condenado al ostracismo literario por los siglos de los siglos amén. Aprendí muchas cosas en Letras, muchas que me sirvieron muchísimo, y sin embargo a pesar de acérrimos intentos, nunca abandoné el pecado culposo del misticismo literario. Y, quizás esa sea mi manera de atravesar el fenómeno literario o la experiencia de literaturidad. Una suerte de reverencia espiritual.
Pedro Páramo y la mayoría de las novelas y cuentos de Kafka tienen para mí esa categoría de texto sagrado. He leído Pedro Páramo más de seis y veces y la actitud que tomo al sentarme a leerlo otra vez es la actitud de un creyente agradecido. Y, un poco dentro de la lógica cristiana “Con una palabra tuya bastará para saciarme”, no necesito leer demasiado para bajar el libro y dejarlo porque aquello fue mucho. Tengo que recomponerme energéticamente para continuar. Así de loca soy con Pedro Páramo.
¿Qué hay que tener en cuenta para leer Pedro Páramo?
La primera clave para leer Pedro Páramo: Pedro Páramo es difícil. No va a alcanzar con leerlo sólo una vez. Para entender qué sucede y disfrutar Pedro Páramo tendrás que leer el libro dos o tres veces como mínimo.

La segunda clave para entender la historia de Pedro Páramo es que el narrador se va a transformar a lo largo de la novela. Si bien el primer narrador va a ser Juan Preciado, pronto veremos que la historia va a ser cooptada para las voces del pueblo Comala y que al final de la novela va a tomar la narrativa una tercera persona del omnisciente. Es importante tener en cuenta que la trama se va a ir desarmando cuando pase de narrador. Visualmente lo imaginé como un torbellino de voces que toman la narración y expulsan al narrador hacia arriba convirtiéndolo en una tercera persona que todo lo ve.

La tercera clave es entender que más allá del tecnicismo de los narradores, Pedro Páramo es una historia despedazada. Lo que tenemos allí en la novela son los retazos, los restos, los ecos, los murmullos de un mundo muerto. Ojo: que la historia esté despedazada no quiere decir que sea un caos sin sentido. Todo lo contrario. Cada hilo está perfectamente enhebrado en un diseño superior. Pero, en una primera lectura, quizás no haya que obsesionarse demasiado con quién dijo qué ni tratar de recordar los personajes. Como en Cien años de soledad, lo importante no son los personajes individuales sino el gran personaje que es la familia, en este caso el pueblo de Comala. Los muertos son los vivos en Pedro Páramo y más allá de que pueda ponerte la piel de gallina de a ratos, es un mundo lleno de humor. Los muertos están constantemente riéndose de sí mismos.

No quiero spoilear ni hablar de más. No basta leer más de dos o tres páginas para que el lector se haga una clara idea de que lo tiene delante de sus ojos no es otro libro más sino una de las obras cumbres de la literatura universal. Probablemente la mejor novela del habla hispana. La novela que planta el arquetipo latinoamericano y “cómo el sol le saca la luz a las piedras”.
Tan poco se habla de Juan Rulfo que yo estaba ya en segundo año de Letras y jamás lo había oído nombrar. Conocía a los grandes escritores latinoamericanos, a muchos por haberlos leído y al resto de oído y tenía una idea de qué habían hecho con la literatura. En qué corriente literaria echaban a andar. Y, sin embargo, jamás había escuchado de Juan Rulfo. Algo me llevó a agarrar a Pedro Páramo en la librería. Algo que sigue otras reglas y es mucho más potente que cualquier voluntarismo caprichoso. Compré de casualidad una buena versión, una linda edición de la Editorial RM que venía con todos los cuentos de Juan Rulfo incluidos y un prólogo de García Márquez y Susan Sontag.
Me molesta, me duele que se hable tan poco de Pedro Páramo. Pero quizás sea mejor así. Quizás sea como esas cosas, las que verdaderamente importan, de las que no hace falta hablar demasiado. No necesitan interlocutores ni mediadores. Me gusta Pedro Páramo porque me recuerda que la escritura es un fantasma que está aquí y no está al mismo tiempo. Una zona liminal que da un poco de miedo y al mismo tiempo hipnotiza. El médium más eficiente que nos conecta con lo vivo y un altar respetuoso por el que bajan o suben todos nuestros muertos.
“—No. Ella me sigue queriendo —me dijo—. Lo que sucede es que yo no pude dar con ella. Se me perdió el pueblo. Había mucha neblina o humo o no sé qué; pero sí sé que Contla no existe. Fui más allá, según mis cálculos, y no encontré nada. Vengo a contártelo a tí, porque tú me comprendes. Si se lo dijera a los demás de Comala dirían que estoy loco, como siempre han dicho que lo estoy.
—No. Loco no, Miguel. Debes estar muerto. Acuérdate que te dijeron que ese caballo te iba a matar algún día. Acuérdate, Miguel Páramo”.
Escribo desde que tengo memoria. Hice los primeros años de la carrera de Letras aunque no la terminé. Tuve la suerte y el honor de hacer talleres con muchos de los mejores escritores argentinos. En 2011 gané el segundo premio del "Yo te cuento Buenos Aires" organizado por la Legislatura de Buenos Aires. Publiqué también en Macedonia Ediciones una microficción en Cien mujeres contra la violencia de género. También tuve la hermosa experiencia de lanzar y dirigir la revista literaria El globo literario, con un par de amigas, de la cual imprimimos cuatro números.


