Carlos A. Ricciardelli escribe sobre los temas más importantes de los libros y de la vida, lo que equivale a decir: jugar a adivinar qué pensamos del amor, la muerte y el tiempo o dónde la tierra es verde de nuevo (entre otros trabajos secretos que competen a los literatos), a cierta clase de literatos, aquellos que no cejan ante el enfático canon p(l)op. Una de las virtudes del presente volumen consiste en introducir un fermento de inconformismo y reacción contra el buenismo poético que ignora olímpicamente los altercados producidos, en expansión, dentro del tejido social argentino de estos últimos años.
El poema supone una experiencia con características propias, aunque no sustitutivas de las demás, que acumula y contrapone imágenes. “Ranchada” omite la retórica y aborda el periplo existencial del hombre urbano; elige cada palabra según el peso afectivo que connotan en función del efecto político que guardan y no en su concordancia con posibles referencias exteriores al texto (“cuánto duele, / duele tanto como recuerdo mal hecho”); no se trata de comprender sino de propiciar una comunión inmediata (“Llueve en mi barrio, / en Donbáss / y en Palestina”). La gracia de ciertos libros ocurre cuando el desocupado lector supone haber descubierto algo, pero al fin se percata de que solo está recordándolo. ¿Están dispuestos a intentarlo?
Alberto Cisnero
Y, sin embargo,
hay un tren que siempre parte
al llegar la noche y no sé adónde.
Se trepan hombres y mujeres
sedientos de pan y cuerpos
de vino
empecinados en obrar
y quebrar su derrotero.
Plaza Constitución,
Aleph maldito de rufianes y pungas,
enfermeras y crotos,
maestras y cartoneros.
Buscas de toda calaña y cartel.
Avellaneda,
Gerli,
Lanús.
La mirada contra el vidrio y una lata de cerveza
tibia a la altura de Quilmes.
Un libro a medio leer,
pibitas sonriendo / saludan desconocidos,
un diario arrugado y unos versos escritos en papel.
Hay un tren que siempre parte
¿el destino?
No sé cuál es.
Llueve en mi barrio
Y las aguas bajan por las zanjas
arrastran papeles,
un cuaderno de tapas verdes,
paraguas rotos,
los goles del domingo
y algún beso que el viento tumbó en su viaje.
Llueve en Parque Patricios
Y el agua penetra en los adoquines.
Llueve en el barrio
Llueve en el mundo
Sacude los árboles y a las canciones
que suenan en los teléfonos.
Llueve en mi barrio,
en Donbáss y
en Palestina.
Llueve,
y los chicos sin nada
se llenan de hambre,
se llenan de agua.
¿Serán las gotas, las lágrimas, la sal?
Llueve en mi barrio
que es decir llueve en el mundo.
El agua se arremolina
furiosa,
gris.
Entre los adoquines,
un puño sube,
sale del barro y crece
desde las zanjas y los barros de la Semana Trágica
y crece.
Hay mil fantasmas que recorren / caminan mi barrio.
Don Miguel apurado y Carmelo, pasa Antonia,
la Teresa y Bartolo…
los pibes de las ranas cazando palomas,
mis cartoneros, pasan.
Pasan y pasan otros que desconozco,
pasan por la lluvia, pasan
porque llueve en el barrio.
Las formas del amor
Una noche interminable,
fugacidad,
y destellos.
Un viaje en auto,
la casita en el suburbio
y una mesa,
la memoria del cuerpo…
Lanús.
El pan compartido,
algún objeto cotidiano
que deseo llamar
nuestro.
El sabor a pomelo en tu boca,
enero en una noche frente al río,
un domingo cualquiera,
la compañía de los hijos,
el café con leche
en el desayuno de hoy.
Hechizo
La belleza venía del fondo,
desde muy atrás,
con los pies hundidos en el barro,
como en un remolino de pájaros y flores
sobre los pastos altos del horizonte.
Vías y una estación de tren.
Vicente Casares, dijiste
y no pude olvidarlo más.
Llega el calor
y el olor invade como la noche.
El barrio cambia de piel
al ritmo del litoral:
cumbia y chamamé
con acento guaraní
calman dolores
suavizan las noches
rabiosas del fin de semana.
Hay un fueguito ahí, en la esquina.
Sobre el autor
Carlos A. Ricciardelli (Buenos Aires 1973)
Escritor secreto del under porteño. Maestro de primaria y profesor de Historia. Fanático de los Redondos y de Huracán. Su literatura orbita alrededor de los márgenes urbanos, sociales y emocionales, donde crudeza y preciosura coexisten permanentemente.
Es autor de varios libros de cuentos: Fiebre (2020), Rabia (2022) y Capitaloceno (2024), entre otros; en ellos explora las tensiones de la periferia y las resistencias cotidianas. “Ranchada” es su primer libro de poesía.
Publica de forma periódica en su blog y colabora en medios de pensamiento crítico como Rebelión y la Agencia Paco Urondo. Varios de sus relatos pueden escucharse en formato podcast.
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