Santiago Sylvester en La Cantera (Notas del tiempo) comparte, postula más bien, su experiencia como lector. La que ha merecido registro mecánico manual: los consabidos cuadernos que todo ciudadano literato completa en la sombra de un rincón. El libro incluye las profusas anotaciones que el autor borrajeó durante años; escribir (recordar) es vivir dos veces. Desde ese lugar con innúmeros pliegues que suele nominarse Literatura, el desocupado lector hallará frases, pensamientos, respuestas agudas, coplas graciosas y agras debidas a escritores, artistas (sus devaneos y argucias), librepensadores, nacionalistas del Imperio Romano, exiliados y al propio implicado; en suma, el talento, el ingenio y la creatividad de un hombre mezclada y recobrada en los símbolos que registran estas páginas, que siempre importarán más que la verdad.
Un afamado escritor britano (citado en varias oportunidades a lo largo del texto) en un afamado cuento menciona un objeto que se manifiesta otra vez luego de extraviado: el olvido vuelve a reproducirlo bajo su forma material en la tierra. Este libro logra esa magia sin obviar que toda palabra es la mejor equivocación de una palabra; o dicho en una línea certera: “El sitio del conocimiento es el sitio del problema (y al revés)”.
Alberto Cisnero
A quien leyere
Estas notas, escritas a lo largo del tiempo, son reflexiones, citas de autores, algún recuerdo o meras ocurrencias: lo dominante es la peligrosa espontaneidad.
Predomina el desorden; hablar de caos sería excesivo. Que así sea; es el reflejo más fiel de una vida. Toda vida es desarreglada mientras se la va viviendo; si existe algún orden, vendrá después, cuando se la recuerde.
La nomenclatura de Cuaderno a cada parte, y su numeración, son arbitrarias: estas notas fueron escritas en libretas de bolsillo, y son bastante más. Forman parte de una cantera para uso indeterminado: un poema, un cuento o un ensayo; un destino que efectivamente algunas tuvieron.
Augusto Monterroso, en Lo demás es silencio, hace decir a la mujer de un escritor, hablando de su marido: “Cuando no se le ocurre nada, escribe pensamientos”. Podría ser este el caso.
Santiago Sylvester
Del “Cuaderno 1”
La imaginación es limitada. La gente se divierte de la misma forma y se aburre por las mismas razones.
*
Nadie es como es sino como necesita serlo.
*
No se puede decir “he sido feliz” sin piedad por uno mismo, o sin hacer literatura.
*
La naturaleza sin complejidad es insulsa, no tiene perplejidades.
*
Nada ocurre una sola vez sino por lo menos dos; por eso el mundo resulta familiar y hasta es posible sacar conclusiones.
*
Lo extraño no es que las cosas ocurran; lo extraño es que no pueden dejar de ocurrir.
*
Para Chejov, la mejor literatura no es la que da respuestas sino la que plantea bien las preguntas. Es su caso. Lo inquietante de su obra es la indagación, el cuestionamiento: la incursión. Lo mismo ocurre con Kafka: no ofrece respuestas; en cambio plantea bien los interrogantes. Dostoievski (otro ejemplo) da respuestas, un trascendentalismo con el que se puede disentir, pero su indagación es tan profunda que preocupa. Un ejemplo inverso es la literatura de tesis, cuyo cenit es el realismo socialista; puede interesar por razones históricas o testimoniales, pero tiene demasiado claro el mundo, lo vuelve plano.
*
“Mejorar al hombre, pero no con sermones: nada de didactismo en la poesía”, Defensa de la poesía, de Shelley.
*
En el refranero popular hay refranes que se neutralizan entre sí. Ejemplo conocido: “al que madruga Dios lo ayuda” y “no por mucho madrugar amanece más temprano”. En el Martín Fierro hay ejemplos similares: “vaca que cambia querencia / se atrasa en la parición” y “para mí la tierra es chica / y pudiera ser mayor…” Si una afirmación es cierta, la otra no debiera serlo; sin embargo, no hay contradicciones, más bien sugiere que una verdad tiene siempre una verdad opuesta que la vuelve menos enfática. La sabiduría popular consiste en saber que una verdad está siempre en la inminencia de dejar de serlo.
*
La idea de eternidad me produce angustia. La aceptación de la muerte no me produce angustia sino calma, como si yo no estuviera apto para concebir la vida para siempre.
El problema es que las religiones fomentan el susto.
*
La vida es soportable porque se la vive de a poco.
*
La palabra es una prueba de que tenemos impaciencia.
*
Trabajo de todo exiliado: no perder una tierra y ganar otra.
*
En el teatro los actores hablan y actúan para otros, pero es lo que no debe notarse.
*
Pasaron por mi casa Javier Villafañe, Baica Dávalos y el Teuco Castilla; iban al Rastro madrileño a comprar abrigos porque llegaba el invierno. Los invité a almorzar cuando terminaran ese trámite; y cuando volvieron, cada uno con su abrigo (buena ropa usada, como es en el Rastro), sucedió que Javier, revisando los bolsillos del suyo, encontró una carta en alemán. Llamamos a un amigo alemán para que la traduzca; y si no nos engañó, resultó ser la despedida de un suicida. Con el tiempo, tanto Javier como yo terminamos haciendo literatura con esa historia.
*
A la poesía le conviene la sobriedad del buen cazador: un balazo por pieza.
*
Cuando se vive en una ficción, es a expensas de la realidad de alguien.
*
Una opinión al día es demasiado.
*
Se acumula tanto error con los años, que la única experiencia que sirve es la de la juventud, cuando aún no se ha errado lo suficiente como para que la palabra experiencia no resulte ridícula.
*
Discutir con quien se está de acuerdo es impensable; con quien se está en total desacuerdo, inútil; sólo es fructífera la discusión con quien se está casi en desacuerdo.
*
La naturaleza nos termina matando. La vida es una larga lucha en defensa propia contra la naturaleza.

*
Fragmento de un poema azteca sobre la derrota de Tlatelolco:
En los escudos estuvo nuestro resguardo,
pero los escudos no detienen la desolación.
(Ómnibus de la poesía mexicana)
*
No confundir inocencia con inexperiencia.
*
Si se le cayeran los dedos de la mano, se daría cuenta dos días después.
*
La historia de una pareja es la historia de sus pactos.
*
—¿Esa música es de Mozart?
—Era. No sé de quién es ahora.
*
Frase de Giulio Andreotti: “es cierto que el poder desgasta; sobre todo desgasta al que no lo tiene”. Sólo podía decirla un político heredero de Maquiavelo y próximo al Vaticano.
*
A partir de un momento, pareciera que la vida consiste, más que en recordar y olvidar, en meditar sobre ambas cosas.
*
A los viajeros se les habla de viajes como a los cocineros de comidas.
*
La capacidad de abstracción de todo idioma. Ya resulta prodigioso que la palabra “mujer” designe a una mujer, pero mucho más que los adjetivos califiquen cosas totalmente distintas. Una mujer puede ser “extraordinaria”, y también puede serlo una tesis doctoral.
*
Oído a Héctor Tizón: la medida del whisky es dos; porque uno es poco, y tres vuelve a ser poco.
*
La muerte asusta por culpa de la estadística.
*
Con las mismas personas se habla siempre de las mismas cosas.
*
La poesía y el cuento son vecinos, pero vecinos de barrio. Viven cerca, pero no en la misma casa.
*
Manuel Mujica Lainez por Madrid, siempre teatral e ingenioso. Hace muchos años almorzamos en Salta. En el almuerzo me preguntó si yo pensaba volver a Salta a vivir; era mi época de estudiante en Buenos Aires; y yo entendí (con razón) que en su pregunta había una crítica: consideraba que Salta (y todas las ciudades del país, salvo Buenos Aires) era un pueblón sin mucha gracia. Le contesté con un poema chino: “un pueblo de hombres simples y mujeres sencillas, y pienso que cualquiera de ellos es mejor que yo”. Se sintió tocado, se revolvió como un pájaro que da un picotazo, y señalando hacia fuera por la ventana dijo: “¡Por supuesto, cualquiera de estos es mejor que yo, en el peor sentido de la palabra!” A Mujica no se le puede ganar con chicanas.
La anécdota anterior unida a otra de mucho después. El motivo que me había dado Mujica para llamarme en Salta fue que él tenía una novela cuyo personaje es un poeta de apellido Sansilvestre; huye a Londres y lo modifica por Sylvester. Yo no había leído entonces Los ídolos (cuyo protagonista, más que poeta, es un sospechoso de impostor); pero muchos años después el azar hizo que la editorial Cátedra, de Madrid, le encargara a Leonor, mi mujer, la edición crítica de ese libro.
*
El prestigio del cuento, en España, es inferior que en Latinoamérica. Para un escritor español, el cuento es como la gimnasia que hace el boxeador para dar alguna vez la gran trompada, que es la novela.
*
Discusión pública en el Círculo de Bellas Artes de Madrid sobre la posibilidad de hacer una antología de poesía latinoamericana. ¿Es posible considerar veinte países por el hecho de que se habla un mismo idioma? Se dan resultados como el de la antología en discusión, presentada con gran predicamento en España, en la que, sobre veinte países, se incluyen veintidós poetas. Hay algunos países que no han sido tomados en cuenta; y se agrava si se considera que hay dos argentinos, tres mexicanos, etc., de donde crece el número de países excluidos. ¿Es legítimo resolver el problema de la poesía argentina, por ejemplo, incluyendo a dos poetas? ¿Qué opinaría un español si se hiciera una antología en la que figura España con dos poetas?
*
… esas pequeñas vanidades que usamos para compensar (mal) una vida mediocre.
Santiago Sylvester (Salta,1942)
Vivió veinte años en Madrid y hoy reside en Buenos Aires.
Publicó más de treinta libros de poesía, cuento y ensayo, tanto en Argentina como en España. Compiló, entre otras, las antologías: Poesía del Noroeste Argentino y 25 poetas argentinos contemporáneos. Los que se fueron.
Sus libros más recientes de poesía: La conversación (Visor, 2017); Llaman a la puerta (Ediciones del Dock, 2019); Ciudad (Pre-Textos, 2020); Tal vez llegue caminando (Barnacle, 2024).
De ensayo: Sobre la forma poética (EUDEBA, 2019) y Estar de paso (Visor, 2022).
Es miembro de la Academia Argentina de Letras y correspondiente de la Real Academia Española.
Recuerden que los suscriptores de +Burak tienen descuento en el catálogo de Barnacle


