Audrey Munson

De "Venus de América" a su muerte en la locura

Foto de Audrey Munson por undefined.

Pocos destinos cifran de manera tan cabal las discordias entre la veneración y el olvido casi absoluto, como la vida de Audrey Munson. Neoyorquina de nacimiento y vocación, fue descubierta por el fotógrafo Ralph Draper durante un paseo vespertino en un parque de las afueras de la ciudad. Isidore Conti, escultor de cierto renombre, y amigo de Draper, realizó la primera escultura con la figura de Audrey. Decenas de escultores, cineastas y pintores continuaron la realización de Conti. Así, por ejemplo, el escultor Adolph Weiman la utilizó como modelo para "Civic Fame", y Alexander Stirling Calder la encarnó en una de sus obras más renombradas. Esculturas en sitios de interés como el Columbus Circle y el ingreso al puente de Manhattan se realizaron a partir de su belleza. Una de ellas, con 7,60 metros de altura, apuntala hacia el cielo su legendaria estatura y sus rasgos clásicos. La "Venus de América", como comenzó a ser llamada a partir de 1918, fue cotejada y comparada entonces con "La Venus de Milo". Actuó en cuatro películas: Inspiration (1915), Purity (1916), Girl O'Dreams (1917) y Heedless Moths (1921), en las que interpretó papeles en los que sus personajes aparecían desnudos en algunas de las escenas (siendo una pionera en este campo). En esto, como también en otros aspectos de su vida, fue una mujer audaz y valiente, muy a trasmano de lo que dictaban el decoro y las conveniencias de la época.


A comienzos de la década del '20, la vida de Audrey, en el cénit de la popularidad y la gloria, enfrentaría su caída más estrepitosa. Un vecino de su madre, el doctor Walter Wilkins, asesinaría a su esposa para (en el relato alucinado que daría a los investigadores del caso) casarse con Audrey. Wilkins, sentenciado a morir en la silla eléctrica, se ahorcaría en su celda, pero el maremoto despertado por su testimonio dejaría una mancha imborrable en el espíritu y la reputación de Audrey. El 27 de mayo de 1922 y después de un estado depresivo provocado por la pérdida de trabajo y el escarnio público, la actriz intentó envenenarse con bicloruro de mercurio. Pudo sobrevivir asistida a último momento por médicos del Hospital New York-Presbyterian, pero su espíritu nunca volvió a ser el mismo. En momentos de profunda depresión y ansiedad (estado agravado por la cercanía de personas desconocidas), se hacía llamar a sí misma como baronesa Audrey Meri Munson-Munson. En tiempos en que los desacuerdos de la razón y los actos eran severamente castigados, un juez ordenó, en el año 1931, la internación de la modelo en un centro para enfermos mentales en estado terminal.

 

El 20 de febrero de 1996, y cercada de barrotes y las sábanas rasgadas por los últimos esfuerzos, su cuerpo maltrecho por 104 años de vida, abandonó para siempre la experiencia. Esa misma tarde fue incinerada y sus cenizas recibieron sepultura en una tumba sin lápida en el Cementerio de Ogdensburg. ¿Es acaso eso importante? Tengamos para nosotros que no. Las innumerables esculturas que reprodujeron su belleza, el alto cielo que enmarcó el cénit de tanta luminiscencia, y el recuerdo siempre perenne en todos aquellos que apreciaron su encanto singular serían los testimonios de su paso por la tierra y el desmentido más rotundo al tenaz y persistente olvido. 

 

 

Juan Basterra

Nació en La Plata, Buenos Aires. Es profesor de Biología. Publicó Tata Dios (2018) y El amor y la peste (2019), novelas históricas que se convirtieron en muy poco tiempo en éxitos literarios. Ambas editadas por Bärenhaus.
Su novela La cabeza de Ramírez fue seleccionada para la Antología bilingüe español-inglés 12 narradores argentinos 2016-2017, editada por el Ministerio de Cultura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Vivió en París y Barcelona. Actualmente reside en Resistencia, Chaco.

Juan Basterra
Fecha18/12/2025
Tiempo de lectura1 min
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